Uno de mis lugares favoritos de los pocos que conozco en los alrededores de Cuernavaca, es este encuentro de aguas que da lugar a la Laguna de Zempoala. Lugar al que hago el máximo esfuerzo de llevar a mis visitantes por lo impresionante que se siente estar ahí.
La gente suele quedarse cerca de la laguna a soltar a sus perros y a sus hijos, comer quesadillas, sopa de champiñones, pan de nata o café con champurrado. También hay paseos a caballo y dicen que ya no es muy seguro quedarse a acampar. Como sea, la forma de disfrutarlo mejor es caminando hacia los cerros de los alrededores e ir viendo cómo va cambiando el paisaje entre pinos y chorritos de agua en pequeñas cascadas.
Y claro, Duna también lo considera su lugar favorito, al menos no hay otro lugar en el que se vea tan feliz, sobre todo al meterse entre los pinos y yo no me quejo de que siga oliendo a ellos por varios días. Hay veredas que acostumbra tomar y lugares donde suele esperar (nótese su desesperación al hacerlo).
No se culpa a nadie de no poder quitar una cara así:
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